En la Mira:
Nunca antes el capitalismo, el dominio de las elites capitalistas, ha sido tan anti-democrático como en la era neoliberal. Ni nunca antes el imperialismo había sido tan voraz y mentiroso.
Más en un país dependiente, donde las decisiones claves se toman en Washington y se procesan en la Embajada de EEUU para restringir soberanía, privatizarlo todo (incluida la política), concentrar poder, liquidar los mercados nacionales, desmontar las conquistas sociales, empobrecer, militarizar, intervenir y limitar espacios democráticos.
Peor cuando la herencia trujillista-balaguerista, esencialmente caudilllista, es tan fuerte; cuando la partidocracia dominante (de todos los colores, ahora especialmente la blanca y la morada) se corrompe hasta la médula, clienteliza todo el sistema político e infecta todas la instituciones; y cuando el poder se gansteriza y el Estado deviene en narco-estado, con la participación señera de todos los cohollos empresariales, políticos, militares, militares y policiales (cual que sea el gobierno de turno o el partido que controle sus instituciones)
Peor si a esto se le suma una dictadura mediática expansiva, con oligopolios de la comunicación que amordazan y dosifican la libertad de expresión, coartan a conveniencia la información veraz, banalizan las noticias y limitan el libre debate de las ideas.
Esta “democracia” está muy lejos del poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Incluso lejos de la democracia burguesa de corte liberal.
Cierto que este engendro antidemocrático cohabita, gracias al impacto de las luchas libertarias, con espacios de libertad, conquistas ciudadanas y derechos democráticas que el pueblo se resiste a perder.
No ahora: aquí la separación de poderes siempre ha sido un mito.
Los tres partidos que han dominado la etapa post revolución de abril de 1965 siempre han tratado de controlar todos los poderes del Estado: el ejecutivo, el legislativo, el judicial, el electoral, el militar… para compartirlo en espuria asociación con la oligarquía capitalista y el imperialismo tutor, a quienes se subordinan en lo esencial.
Ahora lo que se ha producido, después de la imposición de la presente Constitución -ideada por Leonel Fernández y la cúpula peledeísta y pactada con la cúpula del PRD, la alta jerarquía católica y el bloque social dominante- es un desequilibrio mucho mas pronunciado en la concentración del poder partidario a favor del PLD y de su neocaudillo. Un desequilibrio temporal con bases putrefactas y expuestas a una crisis mayor.
En realidad ambos partidos dominantes ha deteriorado las instituciones; ambos son conservadores, neoliberales, subordinados a EEUU y a grupos oligárquicos, corrompidos de diversas maneras, mafiosos y clientelitas sin remedio.
Así las cosas, además de la posibilidad de un continuismo autoritario y conservador encarnado por quienes controlan el PLD, existe también la opción electoral de un relevo con esencias parecidas y con vocación de desastre a cargo del PRD.
Las izquierdas y fuerzas transformadoras no deben comprometerse ni alentar esas opciones, más cuando la situación post-electoral, con tranque convulsivo o sin él, abren un periodo de crisis mayor favorable a la emergencia de promisorios movimientos políticos sociales capaces de confluir en nuevo proyecto político de poder.

