Abril 24, 2012

Loma Miranda, Rep. Dominicana

Señores:

Falcondo Xstrata Nickel

Bonao.

Señores mineros:

Soy una vieja montaña situada en esta media isla del continente Americano, y estoy muy angustiada, porque ustedes han enfilado sus tractores, palas y dinamitas para extraer minerales de mi cuerpo, previamente quitarme los árboles y toda la vegetación, así como la capa vegetal que cubre mi manto rocoso, lo cual va más allá del pudor y la ética que me legaron mis antepasados, todo esto equivale a matarme de forma inocente y sin que yo les haya hecho algo malo a ustedes.

Es que a ustedes como a los demás mineros les ha entrado una fiebre por expoliarnos, tanto a las demás montañas hermanas como a mi, sin importarles el profundo amor que les profesamos a todos nuestros hijos, y que por eso nos develamos las 24 horas del día, para darle agua, si agua, porque es su alimento principal; pero también le purificamos el aire, albergamos muchas especies de aves, reptiles, batracios e insectos que se alimentan, anidan y se reproducen junto conmigo; y todas esas especies son mis hijas. Ellas que me alegran con su canto y procuran su protección refugiándose en mis bosques, estarían condenadas a desaparecer desde el instante en que se le interrumpa su hábitat.

Desde que supe esta terrible noticia, estoy afligida, casi no duermo ni quiero comer, no solo por lo que le pueda sobrevenir a mis amados hijos humanos y demás organismos vivientes, ellos que viven tan felices compartiendo entre las plantas, árboles, aves, reptiles y las lluvias, sino también a los hijos de ellos, a sus nietos y a los demás que pudieran nacer. Pues si me secan las fuentes de agua, ellos morirán por inanición, y supongan ustedes los presentimientos que uno como madre siempre tiene. ¿Qué madre quiere que sus hijos mueran?

Desde que amanece y durante todo el día, lo primero que estoy obligada a observar es el cadáver y los enormes cráteres que ustedes han dejado como mal presagio y parte de su impronta en las lomas ubicadas al norte de Bonao y Sabana del Puerto.

Me han dicho que ustedes han condicionado su estancia en la Rep. Dominicana al hecho de les permitan explotarme, y que en caso contrario recogerán sus motetes y se marcharán del país. Pero algo debe quedarles en claro, y es que ustedes deben comprender que la soberanía, si esa cosa añeja y pasada de moda, descansa en los 10,000,000 de dominicanos, no en una cúpula que se abroga derechos que nadie les ha otorgado, tampoco tienen derecho a decirle un “si” a ustedes aquella partida de canallas políticos irresponsables, cuya moral ha decaído a unos límites inimaginables.

La nación de la cual formo parte, tiene vigente una Ley cuyo número es 64 – 00, la cual siempre me he creído que es mi “tabla de salvación”, aunque siempre he visto que la misma solo funciona cuando se trata de aplicársela a los que menos poder tienen; pero que como ustedes se consideran que están por encima del bien y del mal, entienden que las autoridades están “en el deber” de otorgarles el permiso para asestarme una muerte tan terrible como las que le ocasionaron a mis hermanas montañas que estaban en Piedra Blanca, en toda la cordillera situada al norte de Bonao, en Sabana del Puerto y mi vecina de Loma Ortega en La Vega, entonces no conforme con su avaricia ahora me tienen en “capilla ardiente”.

Yo sé que a los políticos y quienes debieran velar para protegerme solo les importan los dólares que ustedes “aportarán” al fisco y los escasos empleítos que pudieran generar. E incluso muchos alegarán que eso es lo que merezco, lo cual yo nunca comprenderé. Aunque existen millones de valerosos hijos agradecidos, los cuales siempre me defienden y con argumentos reales. Estoy segura que a esos millones de dominicanos yo les importo mucho, ellos que son su pasión y el arma de la verdad siempre estarán de mi lado.

Acaso ustedes consideran que tiene escaso valor, el agua que de forma permanente le entrego cada día a la Presa de Rincón, desde donde es enviado el preciado líquido para irrigar más de 122,000 tareas de tierras sembradas de arroz, vegetales, hortalizas y frutales, que son alimentos para ustedes mismos, además de la que consumen los hatos ganaderos, así como miles de aves y cerdos. Pero es que ustedes no quieren comprender el valor que encierra para los habitantes de Rincón, Jima, Fantino, Salcedo y San Francisco de Macorís, el agua que ellos consumen a través de sus acueductos.

Como un mandato divino les digo que se puede vivir sin el nickel, sin cobre, sin hierro, e incluso hasta sin oro y sin diamante; pero no sin agua y sin aire.

No quisiera que le hagan a otra montaña lo que ustedes les han hecho a varias en la Rep. Dominicana, pero por favor entiendan esta isla es pequeña y frágil, aunque no quiero ser mal educada, pero si su estancia depende de explotarme, mejor lárguense de aquí, váyanse a buscar nickel y otros metales a Canadá, Estados Unidos, España, Inglaterra o a otras naciones de grandes territorios, en donde no hayan seres vivos dependiendo de nosotras las montañas.

Al menos denme lo que mis hijos denominan como un “chance”, ya que las fuentes de agua se han ido agotando, entonces me intranquiliza saber de dónde mis vástagos de Jima, Rincón, Fantino, Salcedo y San Francisco de Macorís se proveerán de agua, en caso de que ustedes me exploten aunque sea un espacio de 510 tareas. Ese siempre ha sido el mismo cuento de ustedes, en cada ocasión en que se enamoran de un área montañosa en donde haya minerales de valor.

Loma de Fello, La Majaguita, La Manaclita, Guarey y El Algarrobo, son mis montañas hijas, y como madre no vendo ni presto, ni mucho menos estoy dispuesta a que me la maltraten a alguna de ellas. Así como mis hijos queridos que son unos 32 arroyos y el Río Jagüey, a través de los cuales les suplo toda el agua que produzco a quienes la necesitan.

Aunque mi lenguaje carece de valor e importancia para muchos de ustedes, y quizás por eso no les interese aprender el mismo, yo me he valido de mis hijos humanos, celosos de esta anciana madre, para que ellos interpreten y le traduzcan a ustedes, toda la preocupación que le he manifestado.

Tengan compasión de mi, sean considerados por favor no me exploten ni siquiera una pulgada, se lo digo de corazón, llena de llanto, angustia y preocupación. Dejen que mi país se desarrolle a partir de otras alternativas económicas.

Acongojada, ahogada en llanto y rabia. Se despide,

 

Loma Miranda